Joan Fontcuberta

Valère Novarina

Imagen © Joan Fontcuberta, L'elefanta de Napoleó, Museo di Storia Naturale, Università di Pavia, 2016
Fotos: Oficina de disseny

Valère Novarina

Teoría de los pueblos



 

Los Sánguidos Moridubilarios
Somos los Trans-Sánguidos-Moridubiliarios, Bicevénolos de obediencia zooclocos; el general Roberto Grouchi nos ha engañado varias veces.
Adoramos al dios Busibo que está ¡en todas partes! ¡por todas partes! y ¡una vez por todas! y nos adoramos a nosotros mismos.
Tan solo autorizamos la eutanasia verdaderamente altruista y provista de tres pilas de certificados conformes a las normas estipuladas por el Alto Observatorio de Regularizaciones a la Salida. A.O.D.R.A.L.S.
Preconizamos el límite de la solución abortiva hasta seis días después del nacimiento de un niño (si es de sexo débil) y de una niña humana, en el sentido radical del término, si se apercibiera la necesidad de ello para restablecer los cupos.
Nosotros mismos nos volvemos a poner cada mañana en guardia contra la duplicidad antisistema de los Falsoñardos de Supracoyantes y otros residentes fronterizos Rutrofibrilosos: balbuceadores empedernidos a ultranza y partidarios del verbo sichenta: propagan el virus septentrillonario en todas sus formas… ¡y bastantes muchos de entre se ellos lo han usado a propósito para burlarse de nuestro modo de pronunciar la s!


 

Los Trifontinos
Somos los Trifrontinos de toda orientación, de tendencia hílica, unidos por el desventurado Tratado inadvertiente del 19 de julio de 1747 a los restos supervivientes de los Altos Lacandonianos Cortadores. Somos de religión amnésica. Aspiramos por encima de todo a desembarazarnos de los observadores limogotes. ¡Y de sus puñeteras gafas con cuernos!
Donde sea que nos personemos, nos congraciamos de disfrutar de nuestra propia presencia. ¡No tememos a la vida ni a la muerte!


Los Posesiónatas
Somos los Posesiónatas lanzadores de suerte de Poitú-Norte.
Tenemos realmente malas intenciones.
Nos reproducimos con nuestras madres paralelas cada martes practicando el rito deutero-urliaco, de tendencia Mahul.
Vamos por los caminos ciertos ―¡verdaderos y verticales!― que estableció Juan Francisco Melinardo, nuestro amado guía, así como por los que trazó la manita del pequeño Alan Equeberto, quien fue su sobrino preuterino predilecto.
Somos neántropos; somos inflexibles.
Los tránsfugas boldinianos (o relapsos biclastas) son unos sectarios cuyas opiniones nos proponemos, ¡con el sable si es preciso! desinstrumentalizar. ¡Merlún-betún!
Cubrimos a nuestras mujeres con accesorios inútiles durante ocho años y luego las dejamos reposar.


Los Tercos
Somos los Tercos del Suroeste; envolvemos a nuestros muertos con una volvulación de triples círculos, antes de pasarlos por los caminos inversos de la vida, para que ya no puedan orientarse; les evitamos así cuidadosamente una nueva causa de deceso. Si no, los sacamos seis días más tarde por uno de los cinco orificios de catástrofe.
Les pintamos los dedos del pie de rojo carmín y luego les embutimos el cuerpo en máquinas de devolver a «Dios» a cenizas y polvo. A lo largo de la sesión de enfriado, los más valientes de nosotros danzan la habana-tuyoda, hasta el amanecer de un mundo mejor.


Los Ubicuístas
Somos los Ubicuístas golgotófobos y melandromelócratas de la Practobulia Norte-Sur. Nos miramos prolongadamente en los pueblos ajenos, esperando ajenarlos a la larga… ¡pero la tarea es corta!
¡Nos alimentamos principalmente de pollos-robots a la borgoleña (desplumados en el sentido del pelo)! los jueves, ¡pero tan solo los jueves! los acompañamos con una tubericazada de pantulfos a la moda de acá. Nos comemos frío el coleófrigo vespertino y tibio el as de toda orientación y otras frutas protegidas.
En el solsticio de invierno, satisfacemos nuestros apetitos cervicales con una multitud de aves.
Nuestra moneda es el trabieso, y ocho de ellos valen dos valusiados.
Nuestro cerebro permanece vivo ocho días después de morir, lo que nos deja el tiempo justo para aplazar los preparativos.


 

Los Logopitecos
Somos la mitad superviviente de los Libres Logopitecos de la dis-hermandad Norte-Sur: musitamos las palabras en todos los sentidos en cuanto una se presenta.
Elegimos como capital, hace seiscientos treinta y tres años, la buena y bonita ciudad de Niqueferdalla de Trodulfo, lánguidamente agazapada a lo largo de las orillas lateral-occidentales del Bisfuldio-Platuario, desde donde (por una singular reacción) este serpentea con delicadeza por la parte Norte de Mistálgica… no lejos de Andrale de Limoche, donde se une con el río Roberto prosiguiendo su caída a lo largo de las orillas ensuciadas que bordea en ambos sentidos la parte septentrional del Bisfuldio. Es con toda exactitud en los confines de esta porción neurálgica del territorio enemigo situado justo encima de las zonas septentrillonarias donde, con un pie en la sombra del monte Bruquezal, y el otro en la harina de su vecina La Porquía Anándrica, se dispone a unirse a las riberas cenagosas del Ballortal, situadas muy afortunadamente fuera del perímetro peligroso que describen a lo lejos Rodrague, Mizare, Alcor, Ronjif y Bruchón (los cinco famosos afluentes del torrente), cuyas crecidas caprichosas, cada último miércoles de los meses con r, siguen siendo imprevisibles.
Nuestra moneda es el trufón, que se divide en catorce por cien veces la misma cosa, pero la mayor parte del tiempo en cuatro según el decreto de resolución uniata del Grupo Calculón.
A la muerte de cada uno de nosotros, nos dividimos en ocho, luego en tres catorce ciento dieciséis y luego en 1.
¡Así fue la vida, en resumen! ¡Así pasó el paso por la pasería de la vida! Así pasó la vida al paso de alguien.


 

Los Póstumos
Nosotros supimos los Post-homos o bien nosotros somos los Póstumos delebiliparietales del extremo Norte de la patria de los hombres.
Pedimos siempre, en todo lugar en que nos encontremos, unos cercados aparte.
Somos deshuminimalistas, truciverbistas y debililabelizantes: asistimos impotentes a la parcelización de la vida. ¡Nos largaremos finalmente de la muerte por muy poco!
No nos aferramos más a la vida que a un girofaro.
En primer lugar, elegimos desdichadamente como prímetro centro de existencia la aglomeración de Bramsa-Capura, ¡ciudad mortífera final y frecuentada por los mórtifos! Y los Lipa-lapa.
En su período no hace mucho floreciente, Bramsa-Capura era conocida por sus cordeles de lagarto, sus trencerías de ángeles patibularios, sus aros de intercambio ocho y plático… Hoy en día esta es, de todas las comarcas del Pentagononistante, la más pioneria en materia ideológica de torneado de regalía, y la tercera productora occidental-normativa de receptáculos elaborados con las armas de nuestro dios Vendrillón, que es y continuará siendo siempre jamás el primer dios aislado y muestreado por los filósofos Somnígenos.
Mientras tanto, solicitamos a todos los turistas o transeúntes que alaben en voz alta, siete veces al día, al dios Ventrisco, que fue el esposo de la madre surgida de la cuñada de dios por mediación de su propio profeta Urma el Viejo.
Por lo demás, si la ocasión nos lo calviciara, elegiríamos como cuarta ciudad santa la ciudad de Biencasca la Nueva, en la aglomeración parental de la provincia de la Sórgipa.
Se prefirió Biencasca a Sorgip’city porque Biencasca (como su nombre indica) está innegablemente hidrográficamente mejor ubicada.
En caso de litigio, si esta cuarta capital de repuesto viniera, ay, a caer, permaneciendo en la zona sensible optaríamos de inmediato por La Banda de la Balsa del Llano de la Magda, hermosamente situada en un pliegue del cerrillo pendentino que conduce al monte Fusil, cuyos alrededores Sur fueron, siete días atrás, agradablemente bombardeados.
Vivimos aquí en plena propiedad pero en régimen obstructor. E incluso encerrador.
De modo que nos asimos a nosotros mismos como un grupo estable.
Lo que nos convierte en futuros niños fúnebres que han consumado un tiempo demasiado prolongado.
Avanzado con neuronas acerrojadas, nos desplazamos en el lugar; somos máquinas a imitación de un hombre constituidas por el hombre. Órganos de limitación muerta. Poco a poco hemos sido destruidos por la lógica: por ecos de la lógica.
¡No lo olvidéis! ¡Acordaos de todo! ¡Rememorad la inhumanidad del hombre!
El resto del tiempo visible nos resta invisible el resto del tiempo.


 

Los Septiembredores
No somos los «Ubiasos o Íctifos», ¡somos los Septiembredores de orientación martesista, aliados de los robustos Bivorizados de la Fuente-Sur, de liturgia dextrógira!
Somos enemigos de todos los pueblos precedentes.
En lo que respecta a la peligrosidad, somos los Ricardo-Estabilizados, es decir, retrostabulistas (alternativamente) ¡y de día! ¡Y de noche! ¡Y por la mañana! ¡y por la tarde!
Nos reproducimos uno cada vez por chorro simultáneo del apéndice cordial.
El monumento más imponente de nuestra literatura es la inmensa La vida es un cursillo, del bienaventurado Bernardino-Cuístrico de Jaimelusa, en dos ocasiones premio del Naranjal Sinfónico Sobremontés. Pese a ello, el monumento más memorante de la susodicha literatura es el memorable Las estructuras animales del pensamiento, de Juan Juanillo Bernardos de Sobremión de la Tarándola (1277-1322) y de su desdichado compañero Juan Segismundo de Fársida. Por ello y no obstante, el monumento más persistente de nuestra biblioteca mental es el inmenso ¡«Más» no es posible ya más!, del retroactivo-separador padre Felipe Puñón, neoviperiano de obediencia hilíasca, quien lo escribió a toda prisa en el transcurso de las dieciocho horas que precedieron a su ejecución.
En cuanto al monumento con más fama de corrosivo y quemasdé-desimposibilitador, y nochecivo, y realmente indeleble y más que tópico de nuestra balbucio-besobilloteca, es la inenarrable y hambrélica ¡Escapar de las escapatorias!, de la marquesa de Bú, pseudónimo que disimula fatal la identidad de la segunda retrovidriera del Imperio Perecedor: Juanhita-Norriesga Repotón-Gayoberto.


 

Los Obediantes o Morascos
Somos los Alterrianos-Alterlucidantes. Alterlúcidos declarados, no nos fugamos de la muerte hasta una semana antes de la vida.
Los Alterlucidantes hablamos por oiditivo.
Nos comemos el mundo póstumo por dieciocho de sus cuatro bordes.
Nos prohibimos, mientras el tiempo dure, hablar de nuestros difuntos que ya no están, salvo en ese extraño hablaje que los niños llaman idioma-niquenidíoco, que consiste en expresarse tan solo por los cinco orificios autorizados a través del féretro mismo.
En caso de contacto con las carnes prohibidas, les cerramos sólidamente el pico tres, años antes de su retorno a la muerte.
Avanzada la tarde y en el transcurso de interminables idas y venidas en compañía de todas las palabras que nos han dejado plantados, reunimos el conjunto de los difuntos de la semana anterior, uno de los cuales será elegido, «muerto del yo», ¡y le practicamos la calurosa cremación pulvirreal! A poder ser en la triste secuencia de las sepulturas en tierra seguidas de sus infortunados desarrollos terrestres.
No soportamos al prójimo y nos ponemos a cantar en cuanto nos enteramos de su desaparición.
Aparte del oiditivo, nuestra lengua está en el borniovo y en el sistremente; los días festivos utilizamos el mesopo-tempotibi-dibular, dialecto proto-cipriano que deriva del ugriano tardío. Utilizamos el estrápuco estraputario baseal tan solo cuando tenemos visitantes nuevos. En cuanto al medular, lo conservamos en secreto en una caja mental para hablárnoslo a nosotros mismos.
Respecto a la lengua fetén, la oímos raramente y la mayoría de las veces la remplazamos por el estricto b.a.ba: —..——. — … ———..—
Hemos arrinconado el antiguo porlic, para que algunos de nosotros sepan a edad avanzada comunicarse con los pocos descendientes de los 727 insulistas que en 727 llegaron, para habitarla, a la isla desierta de Hisla del Vico, isla y no islote de 727 metros cuadrados, deutero-glebadores, en los que se observan, desde hace 727 años seis el rastro invisible de una docena de nenes ahogados en el agua. Frente a la ciudad de Betania en la que resucitó Lázaro.
El nuestro es el tiempo surrectivo.
Nuestra vida, ay, no es de corta duración: nosotros somos de corta y de larga duración.
Comemos sobre todo animales de los que ya no se cuentan.
Sin motivo, hemos tomado por costumbre sugerirnos uno a otro, cada mañana, basar desde ahora nuestros razonamientos en otras ramas que no sean la lógica.
Nuestra vida es, ay, de corta duración.
En el remolino de la muerte somos los últimos.


Los Libres Ecarnicianos
Somos los Mono-ecarnicianos con desapariciones, Neutrios-escépticos y descendientes de un remanente de los Antiguos Fulcos. Nos no nos no nos alimentamos ni nos llenamos el gorro frigio y los bolsillos restantes, cada primero de mes, más que con pandulfos, de supergiro grande, de ampollines y de pantaletos aderezados con una salsa precocinada de estródulfos tiernos.
Por lo general calzamos el 41 o bien el 53 y ninguno entre los dos, salvo en casa, donde tenemos por lo general los pies más grandes que el vientre.
Nuestra moneda marmital es el bornerón, de los que doce equivalen a un real-último.
Si algunos se lo recogen a puñados… nosotros solo recolectamos apenas 8 en cada cruzamiento del huso modal. ¡Pero cada veinticuatro horas sonantes y titubeantes nos cae desgraciadamente encima un martes ocho fechado el 3! Aun así, no somos unos prójimos y nos guardaremos mucho de pronunciar el nombre.


Los Ortócratas Reunidos

Somos anti-antropoides de rostro movible. ¡Nuestra moneda es el platche! Un platche vale dieciocho gurniones; dieciséis gurniones son una buena suma. Un gurnión vale diecisiete bistres: un bistre vale ocho soqueletes, dieciséis son de nuevo un burelón. O nodulo.
Un Operario de Almacén Cualificado gana cuatro nodulo-burlirones al mes, su vecino elacorazador, dieciocho; un profesor de sepultura obsoleta, todo incluido, doce al semestre (excepto durante el semestre de las colocaciones); un enderezador de ocho, así como un arrendatario esparcidor: estrictamente lo mismo. He ahí el drama.
Nos encontramos en un mundo en el que, hace ya tiempo, recuperamos el 97% de nuestras costumbres sin acordarnos ni por un instante de que las habíamos perdido. Nos sondean regularmente. Somos en principio animales parlantes. Y eso ya es mucho. Pues ya está todo dicho.
Adoramos pensar numerabilistamente, hacer frontispicios, en la frusiplata… y viajar en antropóforo (vehículo agradable sobre todo en terreno llano).
Hemos inventado cantidad de máquinas para dormir dentro; ocho de las seiscientas veintiocho son: el Grasp 28, el Trips 8, el Glok 108, el UHT 98, el bisbil NRT 638, el Cedulerio individual, el Estrato-proguniativo-hibilulutario, el Loquace 8, el Auditón 18, el Matálgico 48 y la Semiraldulesa 138. Et-cetermuche et-cetermoche.
Hoy estaríamos dispuestos a renunciar a todo. Porque hoy hemos rezado y a todo hemos pedido renunciar.


 

Los Hipostasianos Plurales
Somos teófagos: adoramos al dios fluido 1 en 3 que se ingiere como nos lo indicó naciendo a su vez en una comedora localizada en el Lugar del pan. Está en el comienzo; viene; fue en el final; será. Todo le aguarda y estamos entrelazados con él por un nudo setenta y tres veces liberador.


 

Los Maxiteístas Monódulos
Somos el pueblo inalternativo de intendencia labial, falsamente así denominado porque habríamos nacido de un inalternamiento repetido con alterprójimo. Adoramos a Dios plegados en cuatro, con la cabeza abajo, los ojos cerrados y el vientre al suelo, y prohibimos a quien sea criticar dicha postura.


 

Los Deléteros Stricto Sensu
Somos Deléteros stricto sensu. De noche, después de haber llevado correctamente a cabo nuestra ronda diaria en tribolecto 22, remontamos las orillas del Valserino hasta la aldea de Golancia, y allí (a un costado de una cabaña de madera clara) cruzamos los brazos en forma de 8 y pensamos ochocientas ochenta y ocho veces en aquí y en allá y estamos hartos de nuestras perspectivas perdidas. ¡Ay, ay! Luego, por un afortunado atajo íntimo que solo nosotros conocemos, nos incorporamos discretamente al gentío jovial para fundirnos en su benéfica multitud.
¡Desventurados los seres que nos obstruyen la vista!
¡Malditas sean las bestias que nos imitan!
¡Nacimos y fuimos amordazados desde la promoción infantil! Allá donde vayamos ya hemos tratado de evitar todo contacto con el Bondadoso Céntuplo.


 

Los Zuterocaseros
Somos plenamente de la familia de los deshominialistas fervientes, proguelardos y resurgentes de los Andrívoros neandertalizados. Por todas partes buscamos posteo-mono-omnio-minimistas, a través de las fosas posteo-antropo-minianas en las que mezclar al hombre con el hombre hasta que sean el hombre uniforme (bajo todas las formas) y conforme a él mismo.
Somos ginódulos de tendencia breve.
Nos reproducimos por auto-escisiparidad con alquiler, si hace falta, de vientres en el exterior, somos y cada vez más autófobos, alérgicos a nosotros mismos… ¡y hostiles a todo desarrollo referente al tiempo restante!


 

Los Clamécidos
¡He aquí un egalóptero; he aquí un locábrido; he aquí un sin cerebro precedido por dos equitósofos flanqueados por cuatro posibiliózofos del mismo octágono! Y aquí sus 4 egos colateralmente confundidos.


 

Los Alteriguales y los Ajenos
Desearíamos hacerles saludos triunfales, pero no podemos, pues ya no tenemos brazo. No obstante, aprobamos su paso.


 

Los Biclastas
Somos los Normócratas profundos, fieles adeptos al campeonato rítmico de las leyes legislantes; estamos fundamentalmente a favor de la obtención lo más velozmente posible del cambio a lo idéntico.
Salvo en lo que respecta a la ortografía, aplicamos a todos y en todas partes la ley del talión.
Somos originarios de los Fríos Alpes, y antes, «Mayoristas de desgracias». Pero en la actualidad somos profetas de abundancia vertical.
Veneramos a santa Bola-Agrandida que nos llevó a cruzar la frontera en llamas a lomos de una ardilla.
Cuando una respuesta nos viene a la mente, la dirigimos de inmediato a san Simeón el Logócrata para que nos proporcione la pregunta.
Nuestros dioses son Locustro y Libidus, cuya suntuosa pulsación tropical amamos regularmente.
Imponemos a nuestras mujeres el uso del borniol cada vez que se disponen a cortar con paso indeciso el límite del martes al miércoles, y a decidir así el fin de la separación del mundo en dos; de este modo las retenemos por muy poco en el lado bueno de la orilla.


 

Los Silenciarios
Enemigos pluri-hereditarios de los Orleanistas, somos un grupo reconstituido hasta nueva orden por Ostracistas Monodoxos. Pensamos por todos los orificios desconocidos del tránsito al lenguaje.
Cada cosa la pensamos tres veces: una para el agua fría, otra para la tierra, otra para la ceniza. Luego ya está se acabó.
De forma general, el conjunto de todo lo que ocurre lo marcamos con la sigla de nuestra marca a sangre fría.


 

Los Vacuitarios
Somos el pueblo del Multiporcia. Nuestro dios es Porciamulta. Somos originarios de los territorios muertos del Bisfuldio. Hemos eliminado a los desventurados Hihistas Manimianos de la rama somino-buli-heterosómnica. Fijamos la fecha límite de nuestros muertos tres días después de echarlos al jugo.
Cada día salvo el martes tenemos los ojos abiertos de par en par hacia el miércoles, que habría tenido lugar la noche del viernes anterior, salvo error.
Antaño combatimos largo tiempo a los Plenipínidos-Nocivos, de fe pluridupiana… pero fue en vano, pues ahora somos, hasta nueva orden, sus fieles aliados. Desde hace poco no tenemos, carecemos del todo, de confianza en su dios Reúlpo.
De noche vamos a beber por las pérdidas del lenguaje.
Somos Bíscratos. Sexualmente somos intransmisibles. Nuestros hermanos ausentes se marcharon para reneandertalizarse en su capital de Clamesidra.
Nuestros cerebros son agujeros vivientes; solo nuestras inteligencias votivas son tubos: nos comunicamos a velocidad de V mayúscula.
Con marea plana, yo ya me entiendo, permanecemos libidinescamente ligados a los vectores feroces mientras libidinescamente nos desprendemos de las estructuras veloces. Si otros ajenos sobrevienen, los clavamos a los marcos de nuestras puertas interiores; antes de echarlos a saco en el saco… hasta que la sombra y el número de sus figuras muertas vayan a las polvaredas, a pesar del número de polvo de sombra emitido por cada uno. «Y la sombra de su número es polvo.»
Nos reproducimos uno cada vez. Aunque eso no genere más que fuego.
¡Pase lo que pase y sea cual sea el motivo del fin, cantaremos en la mencionada hora el himno trifónico de los aprendices ballenatos!


 

Los Helatos, Urlagos y Biscetrianos
Entre los Helatos, somos los únicos que quedan de rito sinistrógiro.
No tenemos frío en los ojos. Pero en el extremo final del Norte ya no podemos más.
Escuchamos diariamente de noche con la linterna Las homilías del profesor Niqueneto, de Juan Francisco Niqueneto. Nuestros mayores enemigos en la Tierra son los Triciplos Isíplodos, habitantes de Pochtra, de Ambón, de Birdulí, de Hombre de Menoje y de Clamecí.
Nuestra existencia es esporádica. Ya no confundiremos los cartones con blanquernas. Nuestra existencia es esporádica.
Aguardamos la llegada de los Rotero-Bolero-Bracto-Mulimnistas-Rodadores de A.
A vapor y a iguales valores empatamos con ellos. Somos sexualmente intransigentes. Os agradecemos que nos hayáis brindado la ocasión de expresarnos. ¡Bienvenidos!



EL BAILARÍN GELABERT
Tengo que ir al antimundo y hablar con antipersonas y que la antiluz se derrame sobre los antiobjetos; tengo que entrar en un antihombre, esta es la única sobremanera concluyente de salir de aquí. ¡De ahora en adelante; no obstante: desde ya!

MOISÈS MAICAS
¡Vanidad de vanidades: osamenta de todos los huesos! ¡Pensa-miliabilidad del cerebro, deletreo de la gramática, alfabeto en todas partes, vacío en todas partes!
Toda persona, todo animal, todo ser, toda noción y cada palabra que pienso los estrecho contra mí con toda la fuerza y los amo como a bloques de vacío.

EL BAILARÍN GELABERT
Antipersona, ¿qué tienes en tus manos?

MOISÈS MAICAS
Un contra-objeto.

EL BAILARÍN GELABERT
Antipersona, dímelo ya, ¿qué has hecho con tus manos?

MOISÈS MAICAS
He contrahecho un anti-objeto y lo he arrojado con todas mis fuerzas al no-suelo del contra-escenario.

EL BAILARÍN GELABERT
Ningún triángulo tiene tres lados.
Escribo en el aire.

MOISÈS MAICAS
Dios —si es que eres dios—, no te muestres: ¡llévatelo todo!

EL BAILARÍN GELABERT
¿Qué estás contando? ¿Qué nos estás contando?

MOISÈS MAICAS
Dios es la cuarta persona del singular.
No existe un ser; no hay un vacío.
Nada es: todo es dado.
Tú eres tan solo una ofrenda de la figura humana.

Joan Fontcuberta


Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) lleva más de cuatro décadas trabajando en el campo de la fotografía como artista, además de desarrollar una intensa actividad como docente, crítico, comisario de exposiciones e historiador. Su trabajo de creación se ocupa de los conflictos entre naturaleza, tecnología, fotografía y verdad. Su obra se ha expuesto y ha integrado colecciones de museos de arte y ciencia de todo el mundo, desde el MoMA de Nueva York hasta al Science Museum de Londres. Es autor de una docena de libros de historia y de ensayo sobre la fotografía, entre los que cabe destacar El beso de Judas. Fotografía y verdad (1997), Ciencia y fricción (1998), La cámara de Pandora. La fotografí@ después de la fotografía (2010), La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía (2016) y, junto con Xavier Antich, Revelacions. Dos assaigs sobre fotografia (2019). Ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Nacional de Fotografía (1998), el Premio Nacional de Ensayo (2011) y el Premio Internacional Hasselblad en reconocimiento a toda su trayectoria.

Valère Novarina


Valère Novarina (Ginebra, 1947) pasó su infancia y adolescencia en Thonon, en la orilla francesa del lago Lemán. Ya en París, estudia literatura y filosofía, conoce a Roger Blin, Marcel Maréchal, Jean-Noël Vuarnet y Jean Dubuffet y quiere ser actor, pero renuncia a ello rápidamente. Escribe cada día desde 1958 pero no publica hasta 1978. Poco a poco desarrolla una actividad gráfica, y más tarde pictórica, al margen del trabajo de escritura: dibujos de los personajes y, luego, pinturas de los decorados en cuanto empieza a dirigir, a partir de 1986, algunos de sus textos, traducidos a numerosas lenguas. En su extensa bibliografía podemos distinguir las obras directamente teatrales, como L’Atelier volant (1974), Vous qui habitez le temps (1989), L’Opérette imaginaire (1998) y L’Acte inconnu (2007), del “teatro utópico”, novelas dialogadas, monólogos a muchas voces y poesías en actos, como Le Drame de la vie (1986), Le Discours aux animaux (1987), La Chair de l’homme (1995), Le Vivier des noms (2015) y L’Homme hors de lui (2017); y, además, las obras “teóricas”, que exploran el cuerpo del actor, donde el espacio y la palabra se cruzan en la respiración: Pour Louis de Funès (1986), Pendant la matière (1991), Devant la parole (1999), Lumières du corps (2006), L’Envers de l’esprit (2009), La Quatrième Personne du singulier (2012) y Voie négative (2017). Insaciable y potente, el lenguaje aparece como una figura de la materia.
Fotos: Oficina de disseny