Esther Ferrer

Marina Garcés

IImagen © Esther Ferrer, Poema de los números primos, finales de los 80–2019
Fotos: Oficina de disseny

Marina Garcés

Se puede negar el mal
Variaciones a partir de La muerte de Danton de Georg Büchner


“Se puede negar el mal, pero no el dolor.”


Un grupo de presos políticos habla sobre el sufrimiento y sobre la existencia de Dios. Han hecho la revolución y han visto desgarrar vidas y cuerpos. Pronto serán desgarrados ellos también. Rodarán sus cabezas y ni siquiera así el mundo dejará de sufrir. Son los personajes de un drama, el que escribió Georg Büchner desde la clandestinidad en 1835, cuando él mismo sufría la persecución contrarrevolucionaria mientras afinaba su mirada de estudiante de Medicina sobre el dolor incurable del ser humano. Son también los personajes del drama de nuestro presente, un presente de dolor para un futuro oscuro. La convulsión de un solo átomo que sufra desgarra de arriba abajo la creación, dice uno de los presos. La comunidad humana y su deseo de libertad encerrados entre barrotes queda conectada, con estas palabras, a la gran herida del mundo. Es la figura que toma la salvación en un mundo sin dios. ¿Qué pasaría si alguno de los presos hubiese invertido la frase? Se puede negar el dolor, pero no el mal. El dolor depende de un umbral de percepción sensorial y espiritual. No sabemos si sufren el árbol arrancado por el viento o el insecto aplastado bajo nuestros pasos. Con los sensores o los productos químicos adecuados, podríamos dejar de sentir dolor. Pero en un mundo sin dolor, ¿dejaríamos de hacer y de hacernos daño?


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“¿Es que esto no va a cesar? ¿Nunca se apagará la luz ni se pudrirá este eco, nunca vendrán el silencio y las tinieblas para que no haya que ver ni escuchar nuestros repugnantes pecados?”

Apagar la visión. O repetirla tantas veces que anestesie el dolor y nos excuse del mal que hacemos. Desde Büchner hasta hoy hemos dispuesto de casi dos siglos para encontrar esta solución Dejar de ver es no dejar de estar viendo. Hasta no sentir nada, hasta adormecer en nuestros estómagos toda repugnancia. Pero no estamos dormidos; de hecho, ni siquiera dormimos. El opio es la realidad misma en streaming 24 horas al día. El final de La naranja mecánica de Kubrick es naíf a nuestros ojos. Nosotros tenemos los ojos tan abiertos como los de su protagonista en las últimas escenas terapéuticas, pero no están tan rojos ni vomitamos atados a la silla. Nos agarramos más fuerte a ella para sentir su confort. La ropa de estar por casa es una de las líneas de moda más vendidas actualmente. Algodón orgánico y calcetines gruesos son todo lo que necesitamos para sentirnos inocentes y salvados.


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“¿Qué hay en nosotros que fornica, miente, roba y asesina? [] Somos marionetas, fuerzas desconocidas nos manejan tirando de los hilos. ¡Nada, nada hacemos por nosotros mismos! Espadas somos con que combaten los espíritus, solo que no se les ven las manos, como en los cuentos.”

El mal es el escándalo del pensamiento. Interrumpe el discurso, que enlaza consciencia y libertad. Si somos libres, podemos hacer el mal. Porque somos libres, podemos hacernos daño. El mal es el drama de la libertad. Pero ¿quién soporta pensar que ha cometido un daño libremente? ¿Quién se atreve a decir: “¡Sí, lo he hecho! ¡Y así lo he querido!”? La expresión del mal consciente y deseado es, en nuestra cultura, el diablo. Satanás. Él es el ser más libre porque puede hacer libremente el mal. Un ser que no es nosotros, para que nosotros podamos seguir siendo nosotros. Los espíritus que nos mueven, que guían nuestros sueños y llenan de pesadillas el mundo de los despiertos han tenido forma de monstruo o de dios, podían ser rojos y espantosos o bellísimos y seductores. Poco a poco han ido perdiendo los cuernos y los colores, la voz, el olor y la cola de sirena. Llevan camisa y traje, obedecen las leyes, ejecutan las órdenes y respetan las normas. Antes llenaban archivos, de vivos y de muertos. Ahora dominan los Excels y con los Excels libran sus combates. Pero no deciden, acatan. No quieren nada, proceden. No desean, acatan. No nos quieren mal, solo hacen banalmente daño. Hannah Arendt escandalizó al Occidente bienpensante dessatanizando el mal, cuando suprimió todo rasgo de irracionalidad o de bestialidad al funcionario Eichmann. Los hilos que lo movían no era supranaturales. Eran los hilos de la racionalidad administrativa misma. Desnuda. Sin embargo, Arendt murió con una duda: ¿y si Eichmann hubiera reflexionado? ¿Su maldad, en definitiva, era no haber pensado? El mal, diabólico o banal: escándalo del pensamiento.


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“Cuando fuimos creados hubo un error, algo nos falta, no tengo nombre para ello, pero ese algo no vamos a sacárnoslo mutuamente de las entrañas. ¿Por qué abrir entonces los vientres? Marchaos, somos míseros alquimistas.”

guillotina, guillotina, guillotina, guillotina, guillotina, guillotina, guillotina, guillotina,
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cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz, cruz,
galeras, galeras, galeras, galeras, galeras, galeras, galeras, galeras, galeras, galeras,
lobotomía, lobotomía, lobotomía, lobotomía, lobotomía, lobotomía, lobotomía, lobotomía,
violación, violación, violación, violación, violación, violación, violación, violación,
cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel, cárcel,
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“Nosotros no somos más crueles que la naturaleza y que el tiempo. La naturaleza cumple serena e irresistiblemente sus propias leyes, el hombre queda aniquilado cuando entra en contacto con ella. [] ¿Por qué va a guardar la naturaleza moral más miramientos que la física? ¿Por qué una idea, al igual que una ley física, no podrá aniquilar lo que se opone a ella?”

Georg Büchner, con pluma de dramaturgo y bisturí de cirujano, nos ofrece la tentación de un último consuelo: no somos nosotros ni los malos espíritus. Es la naturaleza: la gran madre cruel de la que todos los seres somos hijos asesinos. Ni siquiera es la lucha por la supervivencia. Es la física. Las leyes de acción y reacción. La destrucción del obstáculo como ley fundamental. Pero la voz prestada del personaje deja abiertos dos porqués: ¿por qué la ley moral tiene que ser distinta a las de la física? ¿Y por qué una idea tiene que comportarse de una manera distinta a un elemento material? Estos dos porqués abren el abismo que somos nosotros. La distancia infinita del irresoluble humano. El pensamiento como posibilidad de un impensable más allá de cualquier escándalo. El salto imposible del que nacen todos los deseos que rompen la geometría del cielo.

Esther Ferrer


Esther Ferrer (Donostia, 1937), residente en París, es una pionera del arte de la performance. Junto con el pintor José Antonio Sistiaga creó el “Taller de libre expresión” (1963–1968). En 1967 se integró en el grupo Zaj (con Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo). Desde entonces ha hecho de la acción una de sus formas de expresión habituales, si bien, a partir de 1970, volvió a crear obras plásticas mediante fotografías intervenidas, instalaciones, obras y dibujos basados en los números primos o en pi, objetos, etc. Asimismo cabe destacar, desde 1975, sus artículos y obras teóricas. A lo largo de su extensa práctica artística ha participado en muchos festivales de arte de acción y ha expuesto su obra en numerosos museos. Ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2008, el premio Gure Artea del gobierno vasco en 2012 y el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2014. En 2017 se presentó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía la muestra Todas las variaciones son válidas, incluida esta, una gran exposición retrospectiva de su obra.

Marina Garcés


Marina Garcés (Barcelona, 1973) es profesora de Filosofía en la Universitat Oberta de Catalunya. Su trabajo se centra en el ámbito de la política y el pensamiento crítico y en la necesidad de articular una voz filosófica capaz de interpelar y comprometer. Los últimos libros que ha publicado son Un mundo común (2012), Filosofía inacabada (2015), Fora de classe. Textos de filosofia de guerrilla (2016), Nova il·lustració radical (2017) y Ciudad Princesa (2018). El volumen Humanitats en acció (2019) recoge las propuestas de Aula oberta, un proyecto de reflexiones y debates que Garcés dirige en el Institut d’Humanitats de Barcelona. Participa en varios proyectos colectivos de experimentación pedagógica, cultural y social. Desde 2002 impulsa también el colectivo de pensamiento crítico Espai en Blanc.
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